jueves, 19 de enero de 2012

Sequedad en la oracion?



Hay ciertos días en los que, estando postrados de rodillas delante del Señor parecieran inútiles los intentos de oración, ya que aunque teniendo la convicción de que Jesucristo Sacramentado está presente en ese momento aun así parecería que algo no está sintonizando en nuestra oración. Recuerdo haber estado en esa circunstancia cierto día y lo primero que hice fue tomar asiento un momento y comencé a preguntarme cual podría ser esa causa, observe primero a mi alrededor para ver si el ambiente en el que me encontraba tenía algo que ver, pero no era así, el lugar era tranquilo, cómodo y se vivía un ambiente de oración en el que apenas se escuchaban ciertos ruidos en los exteriores del lugar, nada que pudiera interrumpir ese espacio de oración. 

Intente nuevamente entablar el dialogo ya que pensé que podría ser algo, sin relevancia, dentro de mí que me impedía escuchar la voz de Dios, pero también ese segundo intento fallo y recordé en ese momento las palabras de San Francisco de Sales que decía que “no siempre vas a escuchar la voz de Dios pero el siempre estará pendiente de la tuya, por grande que sea tu sequedad, no te aflijas, sino sigue en devota actitud, delante de Dios. ¡Cuántos cortesanos hay, que van cien veces al año a la cámara de su príncipe, sin ninguna esperanza de hablarle, únicamente para ser vistos y rendirle homenaje!” así entendí que hemos de ir a la oración simplemente para cumplir con nuestro deber de ser Hijos de Dios y a dar testimonio de nuestra fidelidad hacia El. Y si en ese momento el Señor Jesús se digna hablarnos y conversar con nosotros será un gran honor y motivo de alegría para nosotros; pero si no fuese así no perdamos la confianza y mantengamos la fe como la Cananea que suplicante se dirigió a Jesucristo para que curase a su hija pero el Señor le respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los perrillos” mas ella sin perder la fe y con humildad responde: “¡Y sin embargo, Señor, los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños!”(Mt 15,21-28) así como esta mujer Cananea y como nuestra Madre Santa María debemos también confiar nosotros en el momento de nuestra oración para que el Señor así como le respondió a aquella mujer, también nos responda a nosotros “Cuan grande es tu fe”. El complacerá nuestra paciencia y tendrá en cuenta nuestra perseverancia. Pero, si no lo hace, contentémonos pues suficiente honor es estar cerca de Él y en su presencia.   

Habrán días de oración constante, habrán días que nos costará mas pero sea cual sea la circunstancia ahí estará Cristo mirándote con amor y escuchando atentamente tu oración, no le cierres las puertas del corazón más bien ábreselas de par en par y pídele la gracia de confiar cada día mas en su infinito amor

Nota: (explicación de la cita) Jesús muestra que no puede ayudar a la Cananea ya que de acuerdo a la situación en la cual se encuentra la historia de la salvación. Todavía la salvación está destinada solamente para Israel, pueblo al que no perecía la mujer. La palabra `perrillos' indica a los genti­les, para quienes la salvación aún debe esperar de acuerdo al plan de Dios.

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